Noche perpetua

26 febrero, 2016 § Deja un comentario

Repito a menudo, en tantas conversaciones apresuradas en las que falta el tiempo para dar razones, que el mundo se acabó en la primera mitad del siglo veinte, con el compás apocalíptico de la última gran guerra. El prólogo de aquel capítulo definitivo se escribió en España y no debiera sorprenderme, pero me sorprende, la exacta contemplación del ocaso por la mirada de los españoles.

“La agonía de Europa” está escrito en el verano del año 40: su párrafo primero resulta sobrecogedor.

300_0_por-maria-zambrano“Trozos, fragmentos de lo que debía o podía haber sido un libro, tienen ese carácter  común a todos los fragmentos que está, aún más que en el desigual desarrollo de los pensamientos, en el tono y en la voz, y que proviene de una especial situación que descubre a la persona que lo ha escrito. Pues el fragmento, como ha dicho Kierkegaard, es una “obra póstuma”.

Tal sucede con lo que se escribe, y más que escribir se dice, en ciertas situaciones como las del verano del año cuarenta en que se escribieron estas letras. Son ciertas situaciones que se aproximan, cuanto es posible en la vida, a la muerte. En ellas se habla con más valor y decisión porque nada se espera de lo inmediato, porque la inmediatez ha desaparecido. Ha desaparecido el mundo, pero el sentir que nos enraíza en él, no. Y tal se nos figura a los mortales que puedan ser los primeros instantes de la muerte: estar irremediable, absolutamente separado de lo que todavía constituye nuestra vida.” (María Zambrano)

En un seminario próximo vamos a volver, en nuestro estado actual de muertos irredentos, sobre aquella – que es también ésta – agonía infinita. La amistad, que también en nuestro estado nos consuela, constituye acaso la única esperanza. Si queda un espacio habitable sobre las cenizas, ese seminario ha de ser el inquebrantable signo de su realidad.

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Hispanidad

24 febrero, 2016 § Deja un comentario

“La cultura moderna nos obliga a vivir de incógnito”

María Zambrano, a propósito de Miguel de Unamuno.

Santiago Montero Díaz.

14 febrero, 2016 § Deja un comentario

De Santiago Montero oí hablar por vez primera a Juan B. Fuentes en sus finiseculares cursos de doctorado y la referencia se acentuó con ocasión de la fugaz polémica que opuso a los dos referentes fundamentales de mi biografía apenas filosófica. Siempre me esforcé por mantener un pie en cada lado del abismo que se abrió entonces entre J. B. Fuentes y Gustavo Bueno. El abismo nunca me pareció insalvable, pero los abismos más pequeños – escribió Nietzsche – son los más difíciles de salvar. Finalmente, acaso no fuera tan pequeño. En cualquier caso yo pretendía en 2002 volver sobre aquel abismo y nunca lo hice.

Resultado de aquella intención conservo libros. Muchos de Santiago Montero, entre los que recuerdo una hermosa biografía de Alejandro Magno. Alguna vez debiera volver sobre ellos. Recibí de un gran amigo el programa que Montero Díaz impartía en la Facultad de Filosofía de la Complutense, en el área de Filosofía de la Religión. Junto a Montero Díaz conservo también algún texto de otro autor hoy enteramente olvidado, pero que me parece de importancia para el análisis de esta idea de imperio. En este caso, entiendo que descargada de todo aquello que llevó a los márgenes a Montero Díaz, incluso bajo el régimen vencedor de la guerra civil, dadas sus vinculaciones con los derrotados de la guerra mundial. Me refiero a Eleuterio Elorduy, véase “La idea de imperio en el pensamiento español y de otros pueblos”.

Todo ello parece tener hoy un simple valor arqueológico, pero no me sorprendería que cobraran nueva vida estos monumentos del pasado. Para juzgar el síntoma de ese posible renacimiento es imprescindible que nos cojan informados y lo cierto es que estos nombres están olvidados. Pero no hay que engañarse porque, aunque en algunos foros suenan los nombres, las obras de Ortega o de Unamuno no se conocen mucho mejor. Y cuando se las aborda es siempre perfectamente actualizados y asimilados. Existen, claro está, valiosas excepciones.

Santiago Montero Díaz. Fernando Díaz de Cortázar. ABC 14/02/2016

La profesión docente.

13 febrero, 2016 § 2 comentarios

Cito aquí una página del diario de mi querido amigo Raimundo Benavides, que también vive dedicado a la enseñanza y la investigación. Son – como siempre – exactas sus observaciones sobre el estado actual de la educación. En sus palabras me veo fielmente reflejado.

“Se levantó a las seis de la mañana para salir a caminar. Un viento fuerte barría las calles y unas finísimas gotas intensificaban la noche, la temperatura la hacía acogedora.  Había diez grados y el viento no era frío. No se cruzó con nadie en el trayecto bien sabido y disfrutó del sonido de las ramas agitadas y del canto de los mirlos en la ribera del arroyo. Nada estorbó su paso y pudo disfrutar el abrazo asombroso del numen nocturno.

Sobre las diez y media se reunió la Comisión de Coordinación Pedagógica para discutir la revisión y publicación de los criterios de evaluación y calificación de las pruebas extraordinarias del presente curso. Hace años que el magisterio había perdido completamente sus últimos elementos comunicativos, sufriendo una profesionalización homogeneizadora, pero todavía debía renovarse periódicamente el esfuerzo laminador a través de potentes herramientas burocráticas. La atención al ritmo mecánico y la forma correcta había logrado una satisfactoria estandarización de la palabra.

El ocaso de la comunicación significó un estado de sospecha generalizada forzando sutilezas de jurista – combinadas con una sensibilidad pediátrica – en el trato mutuo. Era un proceso extendido en el conjunto de las relaciones sociales, pero exacerbado en la relación con menores. El viejo vínculo filial dejó un reseco resto en la forma de una vaga culpa, reactiva, irresponsable y suspicaz, que buscaba consuelo en exigencias a los nuevos profesionales, como tales incapaces de ocupar su puesto in loco parentis.

La desoladora orfandad de la nueva sociedad civil le resultaba cada día más evidente. Llevaba años tratando de entender la naturaleza de su descomposición, de manera que sus evidencias no eran compartidas. Eran el resultado de demasiadas lecturas de imposible síntesis abreviada. Era común, sin embargo, la constatación de la crisis pero la reacción social y política contribuía continuamente a su intensificación. Así la respuesta consistía en el desarrollo de nuevas técnicas pedagógicas, la difusión y desarrollo de técnicas de gestión de recursos humanos, la adquisición de habilidades orientadas a incentivar la dedicación y afirmar el compromiso con un estudio técnicamente definido. En los últimos tiempos la pérdida de sentido era afrontada en talleres de mindfullness y se había empezado a recurrir a expertos en coaching.

                En el exterior despresurizado el día mantenía su tono gris pero ahora se había vuelto dolorosamente opaco.”

Educación y Sistema Educativo

8 febrero, 2016 § Deja un comentario

Gracias a la confianza de una amiga, me publican un artículo en Cinco Días, sobre educación. Es el arte torpe de un articulista que todavía carece del oficio. Pero algo se dice.

Sobre Educación. Cinco Días. 08/02/2016

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