La profesión docente.

13 febrero, 2016 § 2 comentarios

Cito aquí una página del diario de mi querido amigo Raimundo Benavides, que también vive dedicado a la enseñanza y la investigación. Son – como siempre – exactas sus observaciones sobre el estado actual de la educación. En sus palabras me veo fielmente reflejado.

“Se levantó a las seis de la mañana para salir a caminar. Un viento fuerte barría las calles y unas finísimas gotas intensificaban la noche, la temperatura la hacía acogedora.  Había diez grados y el viento no era frío. No se cruzó con nadie en el trayecto bien sabido y disfrutó del sonido de las ramas agitadas y del canto de los mirlos en la ribera del arroyo. Nada estorbó su paso y pudo disfrutar el abrazo asombroso del numen nocturno.

Sobre las diez y media se reunió la Comisión de Coordinación Pedagógica para discutir la revisión y publicación de los criterios de evaluación y calificación de las pruebas extraordinarias del presente curso. Hace años que el magisterio había perdido completamente sus últimos elementos comunicativos, sufriendo una profesionalización homogeneizadora, pero todavía debía renovarse periódicamente el esfuerzo laminador a través de potentes herramientas burocráticas. La atención al ritmo mecánico y la forma correcta había logrado una satisfactoria estandarización de la palabra.

El ocaso de la comunicación significó un estado de sospecha generalizada forzando sutilezas de jurista – combinadas con una sensibilidad pediátrica – en el trato mutuo. Era un proceso extendido en el conjunto de las relaciones sociales, pero exacerbado en la relación con menores. El viejo vínculo filial dejó un reseco resto en la forma de una vaga culpa, reactiva, irresponsable y suspicaz, que buscaba consuelo en exigencias a los nuevos profesionales, como tales incapaces de ocupar su puesto in loco parentis.

La desoladora orfandad de la nueva sociedad civil le resultaba cada día más evidente. Llevaba años tratando de entender la naturaleza de su descomposición, de manera que sus evidencias no eran compartidas. Eran el resultado de demasiadas lecturas de imposible síntesis abreviada. Era común, sin embargo, la constatación de la crisis pero la reacción social y política contribuía continuamente a su intensificación. Así la respuesta consistía en el desarrollo de nuevas técnicas pedagógicas, la difusión y desarrollo de técnicas de gestión de recursos humanos, la adquisición de habilidades orientadas a incentivar la dedicación y afirmar el compromiso con un estudio técnicamente definido. En los últimos tiempos la pérdida de sentido era afrontada en talleres de mindfullness y se había empezado a recurrir a expertos en coaching.

                En el exterior despresurizado el día mantenía su tono gris pero ahora se había vuelto dolorosamente opaco.”

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