Crónica de dos días ingleses. IV.

7 agosto, 2016 § Deja un comentario

Cansado de la larga caminata del día anterior y sobrecogido por la radiación de algunos lugares, esperaba que el nuevo día sería de intensidad, al menos, semejante. Lamenté saber que la casa de los Chesterton en Beaconsfield, que fuera donada a la Iglesia, había sido vendida y no podía visitarse. Pero en esta evocación he olvidado la mención de otro espacio asombroso.

A última hora de la tarde anterior todavía habíamos visitado Kensington y habíamos contemplado Church_Walk,_KensingtonSt. Mary Abbotsla Iglesia en que Gilbert y Frances contrajeron matrimonio, la St. Mary Abbots Church. Desde Kensington High Street accedimos al entorno de la Iglesia. De nuevo el contraste entre el sonoro bullicio de la amplia calle central y, a menos de treinta metros a ambos lados, un silencio reEZRA_POUND_-_10_Kensington_Church_Walk_Holland_Park_London_W8_4NBal saturado no sólo de trinos, sino también de los ruidos menores de la labor doméstica. Para decirlo todo también podía oírse, de modo casi constante, el sonido de las musicales campanas de St. Mary Abbots. El mismo que enloqueció a Ezra Pound que vivió próximo a la iglesia, en un pequeño patio empedrado que parecía situado a siglos de distancia del núcleo de una gran ciudad. El entorno de la Iglesia podría estar situado en una pequeña villa, su silencio y su luz resultan impensables en el corazón de una ciudad moderna y, sin embargo, es uno de esos nervios menores que saturan el cuerpo de Londres. Comenté que aquel me parecía el lugar más idóneo para vivir, el padre se animó entonces a mostrarme una mínima calle adyacente, con pequeños patios delanteros que acaso mejoraran la dulce habitación de la pequeña Church Walk. Los habitantes se sentaban ante la puerta a última hora, en sus pequeños patios abiertos, para complacerse juntos mientras bebían dejando caer sobre ellos el brillo menguante de la tarde.

Esa mañana20160729_094458 (2) volvimos a las cercanías de St. Mary Abbots para visitar Warwick Gardens, donde se sitúa la casa en que transcurrió la infancia y primera juventud del magister. La vieja casa de Mr. Ed y Marie Louise. Desde allí partiríamos hacia la última etapa de este recorrido: Beaconsfield.20160729_094201

Desde el exterior conjeturamos las variaciones que la vegetación podía haber sufrido en más de ochenta años, sin duda enormes variaciones que envolvieron la estructura constante de la casa. Los jardines del entorno de cada edificación me parecieron de una belleza primorosamente descuidada, me refiero a los grandes jardines comunitarios que permiten el paseo y la retirada de la batalla cotidiana. Por su parte, los jardines privados responden al gusto y dedicación del propietario, en este caso el jardín anterior de la casa era de pequeño tamaño pero un breve cantero de flores sorprendentes y un gran árbol crece en la entrada de la vieja 20160729_094053casa familiar de los Chesterton.

Pudimos buscar todavía el muy próximo pequeño piso en que pasaron sus primeros meses de matrimonio G. K. C. y Frances; antes de su traslado a Battersea. Era la búsqueda de huellas menores, incurríamos así en una especie de fetichismo consciente que resultó profundamente divertido. Lo encontramos poco antes de dirigirnos a Holland Park, escenario de maravilla en que creció la enorme capacidad de asombro y la soberbia potencia de descubrimiento del escritor. Si en Hyde Park habíamos caminado por los campos de batalla de El Napoleón de Notting Hill, también recorrimos aquella mañana el incomparable Holland Park. La conjunción de la ciudad imperial y dominante, de la gran fábrica del mundo, con su arraigo elemen20160729_093959 (2)tal en una naturaleza domesticada, permite comprender el último sedimento de la persona que nos había traído allí. La comprensión de la figura y la obra de Chesterton es un problema de importancia fundamental y la convicción de esa importancia nos tenía a ambos en Londres, pero creo que ese problema mayor esconde un costado de no menor complejidad, un costado que pudiera estar representado por nuestra propia figura transitando a dos el magnífico Holland Park. Nuestra común procedencia de la misma lengua española,  de ambos lados del Atlántico, y ese breve peregrinaje a dos nos constituía en empresa o signo de un problema que hay que resolver. No sería fácil poner la leyenda bajo la empresa que representa a dos caminantes extraños, recorriendo los lugares que habitó a un siglo de distancia una figura no menos curiosa, aunque de una potencia superior.

Iba tomando consciencia del enigma que nuestro peregrinaje escondía, de la raíz común pero la diversa naturaleza de nuestro entusiasmo compartido. Así partimos hacia el centro real de nuestra peregrinación: Beaconsfield. Pero esto merece otro comentario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Crónica de dos días ingleses. IV. en A Día de Hoy.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: