Reglamentos de inicio de curso

21 septiembre, 2016 § Deja un comentario

Cada nuevo curso avanza un paso la sumisión. Se hace valer el horizonte homogéneo y frío, propio de una pobre comprensión económica de la integridad de la existencia humana, se ensoberbece la maquinaría administrativa y nos hundimos un grado en la desidia y la pérdida culpable de la firmeza.

Cualquier resistencia se convierte en escándalo y doblamos la cerviz asintiendo al marasmo de irrealidad. Súbitamente la voz ferviente de algunos, que serán tachados de visionarios y radicales anti-sistema se alza, sin embargo, desde la más sistemática visión del mundo, señalando a voz en cuello que el emperador está ridículamente desnudo.

“Es necesario que se introduzca en el pensamiento y se asimile al modelo espiritual, intelectual y moral del maestro. Es difícil imaginar tal situación en la actualidad, pero los profesores y estudiantes de la facultad, de acuerdo con esta regla, deben ser mejores que el resto de la comunidad, no sólo en inteligencia sino también en modales, en moral y también en buenos modales. La universidad debe ser la imagen ejemplar, y no el reflejo servil de la comunidad o, peor aún, su iniciadora miserable en variadas e innombrables prácticas a las que llama “liberación”. Durante mil años, los monasterios benedictinos civilizaron a la Europea bárbara. “Tú debes”, dice San Benito con la frase de Nuestro Señor, “ser el hacedor del mundo” y, en una palabra, ser justo no solamente por el estudio sino por la sed de justicia, empezando especialmente por ustedes mismos.

ut ad eum per obedientiae laborem redeas, a quo per inobedientiae desidiam recesseras.

para que por el trabajo de la obediencia vuelvas a él del cual caíste por la pereza de la desobediencia.

El lema benedictino es Ora et labora y el gran pecado de la universidad es la desidia, una agitada indolencia de los indiferentes que cuentan las manchas del tigre mientras una burocracia agresiva y antropófaga devora la academia. La desvergüenza en boga entre profesores y estudiantes que muestran las encuestas y estadísticas, es el modo que tienen de esconder una profunda pusilanimidad. No se trata de la moda de izquierda a pesar de toda la publicidad que recibe. Esta no ha sido la trahison des clercs sino la de los funcionarios inútiles, como el Rey en Tierra baldía de T. S. Elliot, que son ratas de biblioteca y de laboratorio en busca de curiosidades que todavía no han sido publicadas, mientras que los preceptos saludables de la justicia y de la caridad son profanados en los parques de las universidades. Observen las condiciones bajo las cuales enseñamos, la arquitectura moderna, por ejemplo, indigna, falta de grandeza y de gusto, y nos atrevemos a  llamarnos magister artium. Con qué servilismo diseñamos nuestros cursos a fin de proponer un programa tentador, ideado en función de lo que se denominan “exigencias económicas”, es decir, en vistas del crecimiento de una hábil casta administrativa”.  (John Senior)

Se ha publicado recientemente en la editorial Vórtice de Buenos Aires. “La restauración de la cultura cristiana” John Senior.

Los límites de la mera razón.

20 septiembre, 2016 § Deja un comentario

“Quien pretenda escudriñar la Majestad, se verá oprimido por la gloria” (Prov.25/27)

Jünger, E. 18/10/1941

14 septiembre, 2016 § Deja un comentario

“Le “Journal de guerre” d’Ernst Jünger apporte sans doute le témoignage le plus probant et le plus honnête de l’extrême difficulté que rencontre un individu pour conserver son intégrité et ses critères de vérité et de moralité dans un monde où vérité et moralité n’ont plus aucune expression visible. Malgré l’influence indéniable des écrits antérieurs de Jünger sur certains membres de l’intelligentsia nazie, lui-même fut du début jusqu’à la fin un antinazi actif et sa conduite prouve que la notion d’honneur, quelque peu désuète mais jadis familière aux officiers prussiens, suffisait amplement à la résistance individuelle.” (H. Arendt)

El 18 de octubre de 1941 se encuentra Jünger con Carl Schmitt, al que le unió una difícil relación. Éste había hablado el día anterior sobre el sentido en el derecho internacional de la distinción entre el mar y la tierra.  Schmitt compara la situación en que se encuentra con la del capitán blanco, dominado por esclavos negros, que aparece en el Benito Cereno, de Melville. Y concluye: Non possum scribere contra eum qui potest proscribere. Pero Jünger se ha sobrepuesto siempre, como si estuviera al margen del mundo, al que puede proscribir. Acaso nazca de ahí el resentimiento que, al parecer, Schmitt manifestaría en alguna ocasión contra Jünger.  Luego hablan de la situación que les era actual.

“Carl Schmitt ve su significado en el hecho de que ciertos estratos comienzan a desprenderse de la sustancia humana y quedan congelados por debajo de la zona del libre albedrío – a la manera como los animales son máscaras caídas de la imagen del hombre. El ser humano está expeliendo de sí un nuevo orden zoológico – el auténtico peligro de lo que está ocurriendo es que quedemos envueltos en ello.

Por mi parte he agregado que este endurecimiento está ya descrito en el Antiguo Testamento, como lo delata el símbolo de la Serpiente de Bronce.”

Concluye con una notable analogía, que entiendo de profundo sentido a la luz de la comprensión cristiana de la Ley:ernst-y-carl

“Lo que hoy es la técnica, eso era entonces la Ley”.

 

Apunte Esquemático.

11 septiembre, 2016 § Deja un comentario

El anarquismo moderno ha ido perdiendo década tras década sus raíces nutricias, al ritmo mismo en que han ido desapareciendo las tradiciones comunitarias, consuetudinarias, ancestrales, cuya matriz genética ha de buscarse en el crisol de los llamados siglos oscuros de la historia de Europa. La vieja Europa se constituye en el ocaso del imperio romano y ante la irrupción sanguinaria de normandos, magiares y, de manera fundamental, mahometanos. Fue el caso una crisis de existencia que hubo de afrontar la población heredera del imperio y los reinos sucesores. Entre los siglos IX y XI – ése es el elemento real del terror del milenio – se erige la arquitectura de lo que la modernidad llama “feudalismo”, el sistema de beneficio, y pronto junto al modelo arquitectónico del feudo – cada feudo, escribió F. Braudel “era, por entonces, una persona robusta” – aparecen círculos también hondamente comunitarios, haciendo honor a su nombre; Juntas, Comunas o Comunidades: son las ciudades de la Alta Edad Media. A finales del siglo VIII aparece, justamente en la llamada Crónica Mozárabe, el título “europenses” pero es el de “Cristiandad” el sustantivo que identifica esa realidad histórica naciente.

El anarquismo aglutinará – ésta es la hipótesis de trabajo – frente al monstruo moderno del Estado que crece desde el fondo de la Edad Media una oposición sostenida sobre las ruinas de esa realidad comunitaria, local pero conexa a lo largo y ancho del occidente europeo, hasta constituir la forma de una Comunidad Universal, cuya realidad hoy se contempla como paradójica y resulta apenas comprensible. El anarquismo español en particular siempre tuvo esa raíz profundamente popular, asentada en la vida compartida de las comunidades campesinas, por cuanto España jamás logró asumir, en efecto, la forma adecuada a la idea moderna del Estado. Su contradicción es que hubo de hacerlo contra los propios planes y programas de un imperio de estirpe tradicional: medieval y cristiana.

manos-campesinoPero arruinado ese fondo substancial y atomizada la vida común en la forma de una abstracta suma de partículas elementales o individuos separados unos de otros, liberados por siglos de crítica, democracia y desarrollo industrial, el anarquismo pierde su fondo nutricio y tratará de reconstruir una forma de existencia comunitaria pero ahora a través de un esfuerzo consciente y activo, que reniega de toda mediación política y en esa medida habla de acción directa y autogestión. Pero falta el “uno mismo”, es decir, el pueblo. De manera que el populismo se distingue apenas del simple socialismo político. Sigue en pie su exigencia de destrucción de las estructuras, asimismo negativas, del mundo moderno cuyo centro esencial es, justamente, el Estado y con él su inseparable envés: el Mercado. Pero la negación de esta negación no conduce finalmente a un orden superior, a una afirmación que trascienda esa doble negación. Es derrotado una vez y otra, traicionado por sus mismos compañeros de viaje, en realidad vencido desde dentro.

De ahí la necesidad de buscar, allí donde puedan encontrarse, elementos del viejo comunitarismo, restos de la vieja Europa. Hay que rastrear en instituciones que trasciendan el marco temporal del mundo moderno. Instituciones infrapolíticas y metapolíticas, toda vez que la política con su oscuro y maquinal centro en el Estado Nación, es la gran forma moderna. Forma moderna que es nueva – pese al lugar común que la encuentra en la antiguedad – respecto a las viejas poleis en cuanto que éstas conservaron su tejido antropológico mientras éste absorbe o abduce toda substancia antropológica hasta negar la antropología misma en nombre de un super hombre o un hombre nuevo que se pretende su gran obra. Es la sustantivación de la política o, como decía antes, de la economía puesto que el Mercado y el Estado son, simplemente, el haz y el envés de la realidad social moderna: las sociedades individuos presuntamente substantes. Y aquí comienzan los problemas porque las estructuras de parentesco por un lado y la Iglesia, por otro, resultan ser esas instituciones no simplemente modernas. Es natural qmanos-campesino-rezandoue el socialismo democrático o político, en general el pensamiento progresista encuentre en esas instituciones su enemigo esencial. El anarquismo no debiera contemplarlas de ese modo y, en efecto, hay algunos nombres importantes del discurso libertario que están poniendo coto al colaboracionismo postfeminista y su melopea antipatriarcal. No se oyen sin embargo voces anarquistas que vayan más allá de la consabida crítica de la religión como ideología, que empieza y acaba en su reducción psicologista. La ceguera del anarquismo para la comprensión de la dimensión religiosa de la existencia antropológica me parece el índice más alarmante de la desaparición de su matriz real: la comunidad universal.

Jünger E. 05/07/1940

10 septiembre, 2016 § Deja un comentario

Jünger avanzó sobre Francia tras la vanguardia mecanizada que abrió el terreno a la infantería, que llegaba tarde a un frente que se desplazaba a la velocidad del relámpago. Su figura en este avance sobre una tierra conquistada resulta simplemente ejemplar. A veces trasluce la raíz substancial de esa ejemplaridad y dignidad antropológica, el elemento de su realidad personal. Tras marchar toda la noche y parte del día cruza el Loira a mediodía por un pontón de barcazas y alcanza a alojarse en una pequeña granja: Les Cadoux. Sigue una exacta intuición del vínculo de la tierra, el tiempo anular, la herencia y la religión. Visión de la condición humana y de su potencia de universalidad… para todos los tiempos.

“Alojamienernst-junger-emboscado-emboscadura-trabajador-tempestadesto en la pequeña granja Les Cadoux. Sus dueños habían regresado a ella poco tiempo antes y estaban muy contentos de hallarse otra vez en su hogar. Aunque durante su ausencia habían perdido muchas cabezas de ganado y gran cantidad de enseres domésticos, los encontré muy alegres, más aún, llenos de una serenidad interior que me ha impresionado vivamente. En esa calma intuía yo como unas nuevas nupcias de aquellas personas con el suelo de sus antepasados, el recuerdo de aquel acto sagrado que fue la primera toma de posesión de la tierra. En ese estado conviértense en fuente de alegría todos los trabajos, todos los quehaceres – en ellos se descubre lo que es único, lo que está lleno de significado para todos los tiempos y recubre con su tejido la vida cotidiana; por detrás de los dolores brilla de súbito la Vida con una profundidad nueva y dichosa”.

Historia de Nueva España

8 septiembre, 2016 § Deja un comentario

Cortés, Hernán. Historia de Nueva España

Ernst Jünger. 1895-1998 / Antoine de Saint Exupéry. 1900 – 1944

6 septiembre, 2016 § Deja un comentario

Jünger es una de las pocas figuras liminares que han atravesado la puerta de fuego de las dos guerras mundiales, desde el orden de la vieja civilización ya en el trance de su crisis profunda (el “soñado jardín de la cultura liberal” lo llamaba G. Steiner) al desierto creciente y ciego, al páramo posterior a la gran guerra, páramo de la abundancia de inmundicias, infinito de desechos y trastos que está dejando ver con claridad su término en el colapso y cuya consigna podría ser la conocida: “antes la nada que el aburrimiento”. Por atender a lo esencial diría que en el tránsito a través de esa puerta de fuego se cifra el final de la condición humana. Éste es el nervio del proceso de aniquilación del que las dos guerras son el signo más evidente. Tras la última guerra la Vieja Europa puede darse por desaparecida y en su lugar se cacarea constantemente acerca de una Nueva Europa cuya naturaleza flotante y comercial es hoy fácilmente visible.

Mi conocimiento de la obra de Jünger es superficial, me consuela profundamente – sin embargo – contemplar su figura atravesando el vendaval de las dos grandes guerras. Tras ellas ha podido – él todavía – mantener erguida su estatura como una señal, un viejo faro cuya luz permitió un tiempo contemplar las ruinas del viejo orden de la civilización.  Otra figura semejante se quedó en el último paso, me refiero a Antoine de Saint-Exupéry cuya magnífica obra inacabada tiene el mismo firme y la misma estructura elemental que la obra de Jünger. El éxito de El Principito ha convertido a menudo ese texto asombroso en una mercancía sentimental y olorosa. Pero las páginas de su Ciudadela tienen la misma arquitectura gloriosa – el término teológico es el más adecuado – que las Radiaciones del gran soldado alemán. Pero Exupéry se perdió en el mar poco antes del final de la guerra y sus páginas no recibieron su sanción definitiva. Ambas se me presentan como obras de profunda religiosidad, y la religión es la substancia vital de la condición humana. Es evidente que afirmaciones tan rotundas requieren una poderosa fundamentación. Tomémoslas aquí como las sentencias graves que son, concediendo al amanuense que las pronuncia una, sin duda, excesiva confianza. Acaso tenga el tiempo para ensayar el dibujo de ese fundamento.

Voy a dejar en este vacío electrónico pasajes de ambos textos. El primer y segundo volumen de Radiaciones y de la inacabada Ciudadela. Los dejo para uso propio, como cuaderno de notas, que es la función básica que siempre quiso tener este blog. Pero servirán como testimonio de lo que acabo de decir, por si hiciera alguna falta.

El 12 de junio de 1942 Jünger da cuenta de la recepción, en Laon, de unos setecientos prisioneros franceses. Indica como organizó la custodia de los vencidos: organización del puesto de guardia, distribución de prisioneros, rancho, letrinas, reglamento… tras esto escribe lo siguiente:

“Aparte de esto dejé en paz a aquellas buenas gentes y les transmitía mis órdenes por mediación de sus jefes, los cuales eran, por así decirlo, el punto en que se apoyaba la palanca con que los movía.

Más tarde me di cuenta de que la presencia de aquellas setecientas personas no me había causado ninguna inquietud, a pesar de que a mi lado no había más que un centinela, más bien simbólico. Cuánto más terrible me había parecido aquel único francés que una mañana de niebla de 1917 lanzó contra mí una granada de mano en el bosque de Le Prête. Esto me ha sido muy instructivo y me ha reafirmado en mi decisión de no rendirme jamás, decisión a la que ya permanecí fiel en la guerra del catorce. Toda rendición de armas es también un acto irreparable, que afecta a la fuerza primordial del combatiente. Y así, yo estoy convencido de que también queda afectado su lenguaje. Esto es algo que puede verse con especial claridad en las guerras civiles; en ellas la prosa del bando derrotado pierde enseguida su vigor. Me atengo en esto a la frase de Napoleón: “¡Dejarse matar!”, claro está que esto es algo que únicamente vale para los humanos, que saben qué es lo que se ventila en la Tierra.”

 

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