La teoría sueca del amor

24 febrero, 2017 § Deja un comentario

Les gustará, especialmente, a mis alumnos de Introducción a la Sociología.

The Swedish Theory of Love

El Imparcial 23/02/2017

23 febrero, 2017 § Deja un comentario

De sexo, niños y cacharros.

Alain Finkielkraut. La seule exactitude

20 febrero, 2017 § Deja un comentario

Publica ahora la editorial Alianza una colección que apareció en francés en 2015. Notas y artículos de Alain Finkielkraut, bajo el título Lo único exacto. Leí a este autor con ánimo escolar, en mis años de estudiante en la facultad de filosofía de la UCM. Recuerdo dos textos breves, publicados en Anagrama. Uno de ellos en torno al juicio contra Klaus Barbie, en el que se abordaba la idea de crímenes contra la humanidad: La memoria vana. El otro un limpio análisis de dos comprensiones antagónicas de la identidad nacional que escondía, así me ha ido pareciendo, mucho más de lo que ofrecía una lectura apresurada: La derrota del pensamiento. Muchos años después y dado que me sirvieron para la comprensión de problemas  – aunque elementales – a menudo mal expuestos, he pedido a mis alumnos que lean estos textos. Especialmente el segundo, que encajaba con mi presentación de algunas nociones en una sumaria introducción a la sociología.

Mi imagen del autor francés ha variado con el paso de los años. Siendo estudiante le atribuí un valor didáctico, como un buen profesor que te acompaña en la comprensión de problemas básicos, pero que no puede juzgarse un autor de referencia. Anduve deslumbrado un tiempo con la figura de Michel Foucault, aunque me detuve en su obra sin dar el paso hacia Deleuze o Derrida, en un itinerario que recorrieron muchos, no dudo que con enorme provecho. Yo me remonté – siguiendo una actitud que es casi un atavismo – de Foucault a Canguilhem o a Hyppolite. Debo agradecer a Juan B. Fuentes – entre otras muchas indicaciones – esa orientación a los maestros de Foucault, orientación que nacía de su propio pensamiento, que conocí más en viva voz que en forma escrita, contando con que lo leí apasionadamente durante años.

También por entonces la figura de Gustavo Bueno me sirvió de faro, capaz de opacar la luz de estas fuentes francesas. Vivíamos en una facultad de traductores y comentaristas de una vaga filosofía europea, que tenía el efecto de presentarnos obras foráneas pero, sobre todo, de obturar el paso a la filosofía en lengua española. Gustavo Bueno era un puente – de difícil tránsito y frágil acaso en más de un punto – hacia esa tradición española. Amén de que su obra por sí misma constituye un entero continente de valor fundamental.

Años después me decepcionó otro texto de Finkielkraut, que leí en recuerdo de sus virtudes didácticas, se trataba de La sabiduría del amor. Pero soy agradecido y no desistí. Hoy pienso que debería volver sobre ese libro. En cualquier caso, hará cuatro o cinco años, me encontré con un libro del profesor francés cuyo título no podía dejar de producirme, por entonces, una reacción inmediata. La obra me pareció magnífica y vuelvo a sus páginas de vez en cuando. Finkielkraut dejó de parecerme simplemente didáctico y adquirió una dimensión mayor, anteponiéndose a una tradición francesa reciente que, lejos de la claridad cartesiana, se ha entregado a una escritura críptica, alambicada y pedante, incluso cuando quiere parecer procaz. La obra tiene por título Nosotros, los modernos y la publicó Encuentro.

En el actual curso 16.17 mis alumnos me han llamado la atención sobre la filiación política del profesor de la Escuela Politécnica, es decir, sobre su alineación – al parecer – con las posiciones del Frente Nacional. Me ha parecido una simplificación, pero es cierto que la lucha política fuerza siempre simplificaciones. El pensamiento de este discípulo de Lévinas no puede reducirse fácilmente a consignas. Ahora bien, no veo escándalo alguno en que se le sitúe en las posiciones próximas a la Nueva Derecha o al movimiento identitario, al que su figura sólo podría enriquecer en la medida en que dibujará matices del mayor interés.

Así pues, leo hoy a Finkielkraut y su misma posición actual me lleva a aquella escondida tradición española que el viejo puente, que para mí fue D. Gustavo, me ha permitido alcanzar. Es curioso que siempre tuve al alcance de la mano a un potente suministrador de una bibliografía que en España es casi clandestina, porque entre nosotros la filosofía española e hispano-americana, por su forma y por su valor, sólo puede susurrarse. De su mano accedí a Vasconcelos, a Reyes o a Paz.., por no citar a una gran cantidad de autores cuyo nombre no necesita ser prohibido porque es desconocido. Agapito Maestre, siempre entusiasmado, atesora referencias de primera importancia, las comparte siempre, aunque yo no haya sabido escucharlas hasta muy tarde… o quizás sí, porque Alfonso Reyes me tradujo a Chesterton y porque pasé de E. Jünger a Gómez Dávila por mi propio pie, para toparme con la vieja Europa.

Ahora, ante la crisis de Europa que un autor francés, de estirpe judía y ascendencia alemana, nos pone delante con lucidez y sin contemplaciones, me encuentro al borde de un recorrido que exige un paso más. El paso que cada uno ha de dar por sí mismo según la vía que buenamente haya ido recorriendo. Aquí he esbozado la mía, anticipo apresurado del único paso que me corresponde dar.

 

El Imparcial 16/02/2017

16 febrero, 2017 § Deja un comentario

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