With a little help of my friends

23 julio, 2017 § 3 comentarios

Bajo la canícula, cuando raramente puedo, estoy trasteando en torno a la acción social católica. Para un español de mi procedencia que se arroja a la búsqueda en este campo resulta un territorio desconocido, que va resultando asombrosamente semejante a la propia casa. Una vez más sufro el síndrome del viajero chestertoniano que quiso plantar la bandera británica en un templo bárbaro, para hacerlo finalmente en Brighton y disfruto de esa curiosa alegría que consiste en avanzar con todos los miedos y precauciones por un mundo por descubrir, pero reconociendo a cada paso el mundo propio. Trato de plantar una cruz o la bandera que la signifique. Entre los pocos lectores de estas páginas se cuentan magníficos conocedores de esa provincia de la reciente historia española, con una pequeña ayuda de su parte podría dotarme de un mapa que me permita recorrer con provecho mi propia casa. Pedir su ayuda (consejo bibliográfico, referencia, opinión…) es mi objetivo aquí.

El modo en que en España se desarrolla una acción social católica, antes y después de la Rerum Novarum, guarda evidentes analogías con las situaciones de Francia, Alemania o Inglaterra… analogías que se destacan sobre la simple diferencia entre unos y otros contextos: analoga contraria sunt, secundum quid eadem. Me parece que la cuestión esencial consiste en establecer la posibilidad de un catolicismo moderno, lo cual suele significar liberal. La doctrina socioeconómica del distributismo de Belloc-Chesterton fue un ensayo – perfectamente ajustado a la doctrina social de la Iglesia – en esa dirección. Aquel esfuerzo fracasó y fracasó entre nosotros el gran esfuerzo de Herrera Oria, que es el nombre más visible de la democracia cristiana española. Cuando el padre Gerard propuso en Pamplona, en 1912, durante la celebración de las Semanas Sociales, la fundación de Sindicatos Libres (libres de la mediación patronal) acabaría logrando la suspensión de las Semanas Sociales entre 1912 y 1933. Severino Aznar promovió la cogestión, la abolición del salariado… desde el Hotel Ritz de Madrid. ¿Puede salvarse esa contradicción invisible para Aznar, el P. Gerard u otros? ¿Es real o sólo aparente la contradicción entre el auditorio del elegante hotel y el contenido del discurso del sociólogo activista?.

Un magnífico libro de Ch. A. Ferrara – traducido y comentado con maestría asombrosa por Álvaro Gutierrez Valladares y Daniel Marín Arribas respectivamente – evidencia la contradicción entre el liberalismo y la Iglesia Católica, señalando una doctrina económica alternativa de estirpe cristiana en fórmula española. Reabre la cuestión del modernismo o de la conciliación posible entre democracia y catolicismo. La democracia realmente existente – forma política conjugada con el modelo económico liberal – quiere deshacer cualquier resistencia en el agua regia de un igualitarismo abstracto que se presenta como laicismo, defensa de derechos humanos concebidos en términos liberales – universal distributivos a escala individual – etc. ¿El modernismo del que se acusa a Miguel de Unamuno – en cuya casa se encontraban ejemplares de las primeras ediciones de la obras de G. K. Chesterton – deja alguna posibilidad de un catolicismo posible en las condiciones de la sociedad contemporánea? ¿La única vía es la un resistencia integrista contra el presente? Hay otra arista que me resulta fascinante: ¿Cuál fue la relación del maestro Ortega con el catolicismo? o más próximos al presente: ¿qué valor tiene la posición del llamado ateísmo católico?

No tengo respuestas, pero creo que este es el tenor de las preguntas. Agradecería una pequeña ayuda de mis amigos al respecto, no para que me ofrezcan respuestas – que también – sino para que añadan preguntas que no considero y carguen sobre mis espaldas referencias o lecturas que juzguen necesarias para formular las cuestiones del modo más adecuado. Como decía, estoy entrando en una provincia desconocida, cuya orografía me empieza a resultar de algún modo perfectamente reconocible. Les quedaré profunda y eternamente agradecido.

¿Por qué es más útil producir “smartphones” que violines?

14 julio, 2017 § 1 comentario

CINCO DÍAS. 14/07/2017

II Jornadas. Ética, Política y Catolicismo.

17 junio, 2017 § Deja un comentario

El negocio de la vida. Epicentro

14 junio, 2017 § Deja un comentario

Obshina

24 mayo, 2017 § Deja un comentario

El famoso pasaje del Manifiesto el Partido Comunista en el que se enumeran los progresos del capitalismo burgués, y que parece encerrar una cierta nostalgia de lo destruido por semejante progreso, es uno más entre abundantes textos de Marx (1818-1883)  del mismo tenor. Me estoy refiriendo a las siguientes palabras:

“Dondequiera que llegó al poder, la burguesía destruyó todas las condiciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales, no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningún otro vínculo que el interés desnudo, que el insensible “pago al contado”. Ahogó el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeñoburgués, en las gélidas aguas del cálculo egoísta. Ha reducido la dignidad personal al valor de cambio, situando, en lugar de las incontables libertades estatuidas y bien conquistadas, una única desalmada libertad de comercio. (…)La burguesía ha despojado de su aureola a todas las actividades que hasta el presente eran venerables y se contemplaban con piadoso respeto. Ha convertido en sus obreros asalariados al médico, al jurista, al cura, al poeta y al hombre de ciencia. La burguesía ha arrancado a las relaciones familiares su velo emotivamente sentimental, reduciéndolas a meras relaciones dinerarias”

El Manifiesto vio la luz Londres y en febrero de 1848, es una obra madura, de una potentísima retórica. Marx tenía por entonces treinta años. Por su parte, parece que el viejo Marx estuvo profundamente marcado por la experiencia de la Comuna de París (1871) a cuya luz rechazaría radicalmente la toma del Estado. “El instrumento político de su esclavitud no puede servir como instrumento político de su emancipación” (señala Taibo, citando a Sayer y Corrigan, 1990:110). La Comuna se ve como una revolución contra la institución Estado. Sin duda y por el contrario pueden encontrarse abundantes lugares para apoyar las lecturas bolcheviques de Marx y su defensa del Estado proletario. Me parece, sin embargo, que la ambigüedad atraviesa todos los períodos de la vida de Marx y es que se trata de una ambigüedad inscrita a una gran profundidad en todo programa político moderno, incluyendo aquellos programas modernos por ser, justamente, antimodernos.

Leyendo el reciente Anarquismo y Revolución en Rusia 1947/1921 de Carlos Taibo éste se acuerda – al paso – de la correspondencia de Marx con Vera Zasúlich, integrada en el populista Chiorni Peredel, una correspondencia mantenida en 1881, a dos años de la muerte de Marx y, por tanto, en ese período que suelen llamar del Marx tardío. Zasúlich le pregunta a Marx por su consideración de la comuna rural rusa (obshina) y a este propósito sale a la luz nuevamente el interés del Marx viejo por “los lugares aún no revolucionados por el capital” – según Jacaques Camatte, citado por Taibo – esos lugares que son los que, ” a pesar de su sumisión formal, más alimentan la rebelión y proponen una alternativa”. También Marx habría atendido, pues, esos lugares “…en los que no se ha logrado la inversión entre valor de uso y valor de cambio. En los que el hombre vuelve a ser objeto y fin de toda la actividad productiva, y no el valor de cambio […]” y de ahí el interés de su consideración de la obshina.

Que la pregunta de Zasúlich interesó sobremanera a Marx parece derivarse de los cuatro borradores de respuesta que redactó. La comuna – entendía Marx – podría servir de medio para la regeneración social y de contexto válido para el trabajo cooperativo a gran escala. La supervivencia de la obshina y su existencia en el marco de la modernidad le permitía alentar la esperanza de que pudiera servirse de las herramientas que proporciona el capitalismo, conservando – pese a todo – su naturaleza.

“La comuna puede reemplazar gradualmente la agricultura fragmentada por medio de la agricultura a gran escala y asistida por una maquinaria particularmente adaptada a la configuración física de Rusia”. Como Taibo señala, semejante respuesta no renuncia “a la parafernalia productivista común en su obra anterior”. Los límites apuntan ahí, pero no deja de resultar notable el olvido de esas vetas marxistas entre las que es notable la correspondencia con Zasúlich.

XXIV Curso sobre valores. Sociedad Estudios de Axiología. Facultad de Filosofía UCM

27 abril, 2017 § Deja un comentario

II Jornadas sobre catolicismo. Facultad de Filosofía. UCM

27 abril, 2017 § Deja un comentario

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando la categoría A Día de Hoy en A Día de Hoy.