Historia de Nueva España

8 septiembre, 2016 § Deja un comentario

Cortés, Hernán. Historia de Nueva España

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Normandos occidentales.

14 agosto, 2015 § Deja un comentario

La historia medieval conoce desde siempre el lugar fundamental que en el desarrollo de la Cristiandad correspondió a un importante conjunto de pueblos inicialmente agresores pero que, convertidos y materialmente asimilados, han nutrido la fuerza medieval cristiana. Esos pueblos a los que se designa genéricamente como nórdicos u hombres de la bahía (vik, bahía) tocaron – como se sabe – las costas del continente americano en la fecha – crítica para Europa – del cambio de milenio. En torno a 985 arriban a Groenlandia, procedentes de Islandia, primera patria de recalada. En tierras americanas fundan colonias en las que se han hallado “inscripciones rúnicas, el cuerpo del obispo Jim Smyrill, esqueletos con señales de enanismo, debilidad ósea o infecundidad, primando los restos de niños”. En cualquier caso, son pueblos normandos que han recibido el aliento de la Cristiandad. Sus colonias se dedicaron al ganado y la exportación hacia Escandinavia de marfil de morsa, halcones blancos, manteca, quesos, pieles de zorro azul… El comercio se debilita pero se constatan relaciones hasta el siglo XVI. Debieron sucumbir – señala Francisco Morales Padrón – ante los esquimales skrelingos. A finales del siglo XIV vistieron ropas semejantes a las que porta Dante, Luis XI o Carlos el Temerario, así lo atestiguan los restos. Antes tocaron Labrador e, incluso, el área que hoy ocupa N. York. Parajes que llamaron Hellulan (Baffin) o “país de las piedras”, Markland o “país de los bosques” o Vinland o “país de la vid”. Las sagas de Thorfin Karlseni (1305/1335), la del rey Olaf o de Erik el rojo narran estos hallazgos.

Morales Padrón reconoce su falta de valor histórico, no se conocieron en la Cristiandad, ni llegaron a significar una marca efectiva en las tierras americanas. De acuerdo, pero creo que ha de estimarse en mucho el aporte material que estas gentes significaron para la Cristiandad, al margen de que su expansión occidental no haya significado nada históricamente. Testimonia, pese a todo, su capacidad marítima y su fortaleza real. No es la simple migración de un grupo biológico, sin llegar a constituir nada significativo en el descubrimiento y conquista de América. Pero la asimilación normanda – lo que el islam no toleraría – estimuló la potencia de la Cristiandad.

Conquista y labranza

14 agosto, 2015 § Deja un comentario

El descubrimiento y conquista de América por los españoles presenta características que la alejan de la colonización moderna. No me refiero al énfasis en la evangelización, la coexistencia de soldados espirituales junto a las huestes armadas, no ya al sentido misional de la conquista y, en general, a la atmósfera medieval que satura la legislación y la acción efectiva de los nuevos pobladores con la comprensión caballeresca de sus actos. En esto se repara con facilidad y se señala inmediatamente que el curso de la realidad se separa pronto de la trayectoria ideada: frailes rapaces, violencia extrema y usurpación… Es un lugar común.

Pero no se repara con tanta facilidad, pese a ser de sobra conocido, en el hecho de que el conquistador español está lejos de ser un militar. Sólo Valdivia – entre los grandes capitanes – cuenta con antecedentes militares. Pero el propio Valdivia y, por descontado, el resto son gente de campo y artesanos alimentados por el concepto patriarcal del dominio feudal – cuya extensión y perfeccionamiento americano es la encomienda -. El mentado Valdivia señala como hubo de ser “padre para los favorecer con lo que pude, y dolerme con sus trabajos, ayudándoselos a pasar, como hijos, y amigo en conversar con ellos, geómetra en trazar y poblar, alarife en hacer acequias y repartir aguas; labrador y gañán, en las sementeras; mayoral y rabadán en hacer criar ganados, y – en fin – poblador, criador, sustentador, conquistador y descubridor”. Francisco Morales Padrón, que me informa al respecto, añade: “Nada menos y nada más que Francisco Pizarro, el gobernador y marqués, podemos hallar entretenido en una calera o espigando trigo con los indios si queremos aducir un ejemplo más”.

El modelo de estos pobladores fueron los campesinos legionarios de Roma.

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