Calderón. 1600-1681

27 diciembre, 2016 § Deja un comentario

A Calderón le toco vivir el principio de un declive interminable de España, que concluye sin acabar en esta sombra deformada a la que hoy le damos el mismo nombre. La esforzada voluntad por sostener una determinada concepción metapolítica del hombre se vino abajo, de modo definitivo, con las paces de Westfalia, en el 48. Leo un paso que resume la médula de esa concepción de modo incomparable, y hallo el texto en una obra breve de un magnífico historiador, consecuentemente olvidado. No hay más exacta y bella expresión de la idea de comunidad que alguna vez – atrevida ignorancia – pensé estar construyendo con mis minúsculas fuerzas.

Es Amor una pasión

del alma tan firme en ella,

que a duración de una estrella

se mide su duración.

Un carácter e impresión

fija, que lleva la palma

al tiempo, una dulce calma

que al alma suspensa tiene,

tan alma suya, que viene

a ser el alma del Alma.

 

Luz de Luz

27 noviembre, 2015 § Deja un comentario

Vivimos un un mundo sombrío y nos afanamos diariamente, incluso sin advertirlo, por extender una mancha de mala sombra sobre la existencia. A veces, sin embargo, se abre un desgarro luminoso, un rompimiento de gloria, capaz de invadir el oscuro dominio que hemos instaurado. Es minúsculo y leve y tiene una figura frágil y un gesto de inocencia desoladora. No sucede a menudo, pero algunas veces un aire del paraíso alienta en las más pequeñas cosas y se hace verdad el paisaje o un perfil cobra una belleza sin traza de opacidad, un risa se erige en señora del día presente y asombra al mundo una luz sin matices, perfectamente luminosa. Es entonces la hora de dar gracias, con las manos tendidas, al Señor de todas las cosas.

No es fácil ver la verdad tras la sombra que arrojan multitudes de bocas, la bondad tras la muralla de los gestos sombríos y los labios apretados, la belleza tras la impostada cadencia que da la mentira a tantas obras sin gracia o a las palabras en fórmulas sin latido y sin memoria.

En el pecho respira una aguja de nada, el turbio sedimento de los días vacíos y la vida gastada. Nada sabe el que desprecia en el prójimo su gesto miserable, su inteligencia menguada, la impotencia de su ira abortada… En el propio pecho habita una bestia acosada. Cuando se abre paso el viento nuevo y la luz de la Luz desborda, con gesto sencillo de omnipotencia atronadora, la vana costra de irrealidad que nos ahoga, entonces como ahora nos inunda un deseo ferviente de agradecimiento. Sabemos entonces que la Realidad es generosa.

Oración y meditación.

1 julio, 2015 § Deja un comentario

Son muchas las noches de verano que dedico a una pasmosa actividad. Actividad paradójica que se aproxima al cese de todo movimiento por intensificación extrema de la acción. Es una especie de concentración vacía, de atención desatenta y laxa, pero que atraviesa la percepción de las cosas, trascendiéndolas. Me permito – no me pregunten cómo – ver en un presente absoluto cada singularidad: un rosal reventando por cada una de sus puntas en una floración blanquísima, el tronco vertical de un San Pedro espinado que me regaló un amigo, los papiros que se curvan hacia la tierra, un granado o un madroño que conservan silenciosamente el gesto de los viejos que los plantaron. Algunos ya no están, pero queda la sombra acogedora que por su intercesión nos protege. Veo el ojo vivo de la luna o el vuelo acelerado de un chotacabras que ha hecho del tejado de mi casa su atalaya.

Esa contemplación sin pasado y sin mañana resulta, sin embargo, de una imperceptible recapitulación de mis días, porque incluye una justificación. Veo que el mundo es bueno, que está bien el olor de la jara, que es dulce el viento de la mañana, que esa contemplación sin espesura – una suerte de arrobamiento que atrapa la forma de las cosas sin intención de aprovecharla, sin intención de consumirla o realizarla – incluye una sanción o una acto de asentimiento. Mis días pasados, años erráticos, mis aparentes equivocaciones – muchas, a la luz del día – quedan justificadas porque concluyen en ese presente inmediato.

Disfruto algunos instantes de nítidas evocaciones, que advierto con la precisión absoluta de las cosas presentes. Veo la mano de una amante, el ojo de mi abuela moribunda, el timbre de voz de mi padre enojado… pero también escenas que parecieran insignificantes: el rellano de la primera planta de mi casa en construcción, el nudo en la cuerda de un columpio que inventamos en un viejo pinar, bien conocido. Veo ahí mismo un perro de bronce con un soporte de mármol, que estuvo largos años conteniendo el avance de los pocos libros que había en mi casa.  Como si fuera ahora en una abundancia de infinitesimales gestos, de olores o pasos, de cosas siempre saturadas de significado, oleadas de una vida contenida ahora en este preciso mundo sin estratos, mundo limpio y claro que esta noche, otra vez, se me ofrece con una evidencia elemental de alucinado.

Si bebo entonces no es para ver mejor, sino para soportar la evidencia potentísima de una presencia absoluta que bendice todas las cosas y me arropa con el viento dulce de la madrugada.

Muchas noches de verano, como ésta, paso el tiempo en oración, despacio.  Cancho_Castillo_2_R_F

Transhumanismo y comercio.

10 junio, 2015 § 2 comentarios

Por razones que no vienen al caso he incurrido en el error de pasear por la Feria del Libro de Madrid. Sé bien que el mercadeo literario, cada vez más degradado, debe ser evitado, pero no lo he hecho. Creo que el resultado me servirá de escarmiento. Además recaí en el mal paso para el que justamente está diseñado ese espacio comercial: compré un libro dejándome llevar por la apariencia. Me lo rubricó uno de sus autores, en realidad coordinadores, con mucho afecto y sus mejores deseos. Como del volumen no puedo decir nada bueno, prefiero omitir la referencia que será, sin embargo, fácilmente reconocible. En efecto, basta señalar que estos Sres. coordinan la participación de doscientos trece autores a lo largo de casi quinientas páginas. Esas participaciones resultan de los comentarios suscitados por dos breves artículos ofrecidos en la prensa digital y muchos de ellos apenas sobrepasan las dimensiones de los gorjeos del Twitter. Podría tratarse de valiosa literatura aforística, pero simplemente diré que no es el caso.

El enjambre resultante acaba siendo dizque ordenado por los propios coordinadores según “palabras clave y preguntas de interés”, y ampliado con una bibliografía que, me temo, podría multiplicarse infinitamente. Nadie dirá que los participantes son unos indocumentados porque vienen no sólo nombrados, sino titulados de prestigiosas instituciones y sonoros cargos. Añadiré que por lo fragmentario o, digamos, roto de la obra también parece muy ajustado el nombre de la editorial que produce el tomo. Se añaden unos fotografías cuyo interés al objeto de esta obra sin objeto sólo puede resultar misterioso. Diré que son bonitas fotografías.

El mayor interés de la obra – a mi juicio – deriva de su carácter de sucedáneo de la ausente filosofía académica. Científicos de problemáticas ciencias, soberanamente ayunos de cualquier gnoseología, emiten juicios y opiniones en el democrático espacio electrónico, avalados por sus saberes y profesiones que, al parecer, constituyen garantía suficiente del valor de la emisión. Una ingenuidad tras otra, formulada a veces con grave solemnidad, a veces con amanerada torsión postgramatical, acaban sumando la no-figura de la noosfera aditiva cuyas ramificaciones – siempre interesantísimas, se dirá – son el material para la nueva gestión del conocimiento. Ingenieros de la información de las nuevas empresas planetarias de la información y la “comunicación” son las fuentes reverendas del pensamiento aditivo, son individuos muy inteligentes, pero sin el oficio que confiere la desaparecida academia que, en modo alguno, debe confundirse con una universidad perfectamente asimilada a la noosfera global. No en vano los participantes en el tomo proceden en buena medida de ese “espacio universitario”. Recuerdo, a este respecto, los esfuerzos que en torno a la idea de persona ofrecía, hace ya unos años, uno de esos nombres grandes del pensamiento post-académico: Jaron Lanier. “Hace unos años” es una expresión que – en este nuevo no-lugar – produce carcajadas. En ese no lugar también el tiempo poseería otra naturaleza y la durabilidad del texto se mide en minutos.

En fin, el enjambre de ruidosos insectos con el que me he hecho resulta de gran interés como signo fugaz del tiempo de la constante transición que llamamos hoy. Si lo he referido aquí es porque me lo sugirió la nueva obligación de ofertar asignaturas que – admitidas primero por los miembros de la Coordinación del Centro en que trabajo, profesores de muy diversas materias (Historia, Filología, Tecnología, Matemáticas, Inglés…) – serán luego elegidas o no por el alumnado. Mis clases o lo que hayan de ser deben partir de tan comercial prolegómeno. A esa oferta me obliga la nueva condición de mi materia en la reciente ley de educación. Hablando con compañeras formadas en el campo de la Física y de una u otra Ingeniería creo haber visto que su concepción de la filosofía, y de su lugar en la educación, la aproxima a esa nueva forma de “enjambre pseudocognoscitivo” que, por tanto, me convierte en gestor del conocimiento que proporciona el nuevo cerebro mundial en red.  Ese ensordecedor zumbido, que no entiendo como pueden analogar al canto de las aves, producido por el aluvión masivo de innumerables opiniones democráticas. Desisto de poner orden y sólo puedo dar testimonio del final del mundo, a eso queda reducido el tiempo que me queda.

Yo, que siempre he odiado a las simpáticas avispas.

Resignación

24 marzo, 2015 § Deja un comentario

Trato de llevar a cabo un acto espiritual de importancia vital pero sumamente difícil de cumplir, trato de resignarme. Asumir, conceder y perdonar, pero también trato de devolver una autoridad prestada. Sólo así podría vencer las peligrosas delicias de la melancolía y las terroríficas amenazas del resentimiento.

Esta necesidad de resignación tiene algo que ver con mi edad, que empieza a ver la pendiente creciente de la decadencia, pero – sobre todo – tiene que ver con mi oficio y con su concepción misma como oficio. Me dedico a la enseñanza de la filosofía y específicamente de la filosofía social o la teoría sociológica, en un entorno en que todo discurso en un campo semejante es visto – con una densa convicción – no sólo como libresco y vanamente erudito sino como irrelevante, una vez que contamos con la evidente respuesta a toda posible dificultad en ese terreno. La durísima evidencia, imposible de conmover, que aportan las ciencias naturales del hombre – es decir, las neurociencias, la biología política o, en otro plano, la economía y la psicología científicas – hace de cualquier recurso a la hermenéutica una singular extravagancia.

Es posible que haya mucho de caracteriológico o idiosincrásico en esta poderosísima certeza de vacuidad o de hastío de uno mismo que padezco, pero – me temo – que es también un signo de derrota. Y no soy sólo yo el vencido, lo cual carecería de interés público: la filosofía desaparece definitivamente – tras décadas de agonía – de la enseñanza secundaria, hace tiempo que los profesores de la materia – empezando por las facultades de filosofía – estaban dedicados a labores extrañas a la naturaleza de esa disciplina, asesores técnicos diseñan los polimorfos programas de acción política y económico-social, el mundo de la cultura se entretiene en su emotiva expresión de la subjetividad antropológica, en realidad se complacen en la exposición del sujeto moderno, partidos y sindicatos se ajustan al estado del mundo en el que cumplen su función de “conciencia crítica” de la nada más homogénea.

Quedan, si quedan, restos del naufragio, voces de amigos envejecidos y rotos, voces quebradas. Queda el terror de un mundo en escombros higiénicos y luminosos que habrán de habitar mis hijos. Y queda alguna tarde robada al hastío en compañía de la familia o los amigos, queda el cultivo de una biblioteca y de un pequeño jardín, queda lo que queda de naturaleza lentamente cultivada. Este elemento restante es toda mi esperanza de salvación entre horarios de docencia inane y agónica desesperanza. Largos viajes a ninguna parte, de una a otra aula. Sin tiempo para la lectura o la labranza, se pierden mis lechugas y mis libros se cansan de esperar su hora. Mientras pasan rostros de cansancio sin misericordia que, en los últimos tiempos, me miran con el desprecio adecuado al impostor o al viejo loco que se ignora.

Esta enorme campana de evidencias equivocadas que cubre la atmósfera europea se vendrá abajo. Pero no quiero conceder al resentimiento nada, ni quiero entregarme a las engañosas delicias de la melancolía. Me pregunto si sabré resignarme al atributo que se me aplica de rara extravagancia, de desvarío interesante, pieza de análisis para las ciencias del hombre o de divertimento para alumnos de humanidades contemporáneas. Hay algo más, pero es cierto que mi carácter contribuye a mi demolición acelerada.

España.

10 noviembre, 2013 § 3 comentarios

Dejo aquí una entrevista reciente realizada a Juan Bautista Fuentes, catedrático de antropología filosófica de la Universidad Complutense de Madrid.  Especial atención merecen, a mi juicio, las últimas páginas de esta entrevista. De una parte por su relevancia ante nuestra actual situación, pero también, por lo que a mi respecta,  por mi plena concordancia con las mismas.

Política_Metapolítica_Modernidad._El caso de España.

(Juan B. Fuentes 2013)

Eric J. Hobsbawm. (1917-2012)

23 octubre, 2013 § Deja un comentario

El anacrónico caballero comunista inglés fallecido el pasado mes de octubre de 2012, E. J. Hobsbawm, deja un libro misceláneo, construido con textos de diversa procedencia, pero orientados siempre a determinar la hiper-crítica naturaleza de nuestro tiempo.  Me parece que Hobsbawm había logrado una posición desde la que pudo infundir un tono oracular a sus ensayos, lo que se manifiesta en algunas sentencias que bien pudieran publicarse en forma de aforismos.

La cuestión es que semejantes sentencias lo situarían cerca de algunos de los grandes nombres de la tradición reaccionaria.  Extraigo de ese texto, del que se ha ocupado Hobsbawm en los últimos cuarenta años, tan sólo tres sentencias breves. Podrían multiplicarse con facilidad. Respecto de tales sentencias, todo el resto de su obra podría juzgarse comentario de tales breves escolios.  He aquí apuntes para la innecesaria recuperación del texto explícito, que pudiera sintetizarse en estos escolios del gran historiador; por utilizar la contraposición del maestro colombiano Gómez Dávila.

“Al parecer, la sociedad de consumo considera el silencio como algo delictivo”

“Las artes visuales de la última década del siglo están retrocediendo del arte a la idea”

“¿Quién utiliza aún la palabra “belleza” en un discurso crítico, si no es con intención irónica?”

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